A confiar se aprende…. Confiando

Se supone que para llevar adelante un emprendimiento del tipo que sea se debe saber presupuestar, planificar, negociar, gestionary otros verbos que remiten todos al hemisferio cerebral izquierdo, es decir, debemos desarrollar el área “lógica” y racional de la mente humana. En nuestra sociedad se prioriza el desarrollo de nuestro hemisferio cerebral izquierdo.  Sir Ken Robinson caricaturiza a nuestra educación al extremo de sugerir que en realidad nuestro cuerpo se convierte en un vehículo para transportar nuestro cerebro. (ver el video de Ken Robinson en un post anterior).

¿Qué pasa con nuestras emociones? A pesar de pasar horas y horas en instituciones educativas que nos mantienen sentados, en orden y en silencio practicando matemáticas y lenguaje, sabemos que sin emociones, sin pasión y sin creatividad ningún emprendimiento, proyecto o realización humana es posible.  La confianza – por citar una emoción – no se puede enseñar. Ni comprar, ni regalar, ni exigir. Y sin confianza entre los individuos, no hay posibilidad alguna de realizar acciones conjuntas. Más bien, las energías tienden a bloquearse y todo se hace dificultoso.
Pilar Álvarez, consultora senior de Hewitt Associates Chile, indica que “las organizaciones que tienen altos niveles de confianza, también tienen altos niveles de entusiasmo, creatividad e innovación, y bajos niveles de ausentismo. De un total de 200 empresas encuestadas en toda América Latina hace sólo unos meses, se observa que aquellas que presentan mayores índices de productividad muestran, a la par, altos niveles de comunicación y de confianza.”. ¿Será entonces que la confianza es tanto o más importante que el capital financiero?
¿Cómo desarrollar entonces “confianza”?¿Cómo hacer para que las personas sepan crear los lazos necesarios que permitirán que las energías creativas fluyan y los procesos puedan ocurrir de manera armoniosa en el marco de las organizaciones?
Docentes del Liceo Bicentenario, Valparaíso
Los años que llevo de educación y capacitación me han enseñado una simple verdad: cuánto más vulnerables nos sentimos, menos abiertos estamos a establecer lazos de confianza. La percepción de la vulnerabilidad nos lleva no sólo a desconfiar de otros sino de nosotros mismos. La confianza en nosotros mismos baja su puntaje y con ello dejamos de crear lazos de confianza. A menor confianza, mayor cantidad de normas, contratos y otras medidas de “prevención” para evitar posibles daños. Y así es como nos hemos convertido en sociedades donde prima el individualismo, el aislamiento y el “me salvo yo”, porque “no sé/no puedo confiar en otros”. El aspecto más triste es que tampoco los otros pueden/saben confiar en nosotros.
La confianza siempre es un tema central cuando se trata de formar emprendedores/as, sobre todo en el campo de la cultura y de la creatividad. Los destinatarios tienden a establecer lazos de afecto (y confianza) con las propuestas que hace el sector, sea una propuesta musical, un objeto de diseño, un proyecto ecológico o de desarrollo basado en el patrimonio local. Si no logramos establecer intensos lazos de confianza con nuestros públicos, clientes o destinatarios, poco y nada será posible.
Para ello utilizo prácticas formativas como las que se observan en las fotos, realizadas durante una capacitación para docentes del Liceo Bicentenario de Valparaíso. No es lo mismo hablar de la confianza que atravesar porla sensación que significa dejarse caer a las manos de un colega o un desconocido. ¿Podrá sostenerme? ¿Qué pasa si me caigo? Pero no sólo quien se deja caer evidencia falta de confianza. También quien recibe muestra muchas veces sentimientos de desconfianza hacia si mismo: ¿podré sostenerlo/a? ¿Y si lo dejo caer?
Es común que las personas atraviesen momentos difíciles durante estos ejercicios. Sin embargo, con la práctica y  la repetición, confirman que los niveles de confianza – propios y en las otras personas – se incrementan considerablemente en esos breves minutos que duran los ejercicios. Las reflexiones posteriores son muchas veces sorprendentes, como si de experiencias trascendentales se tratara.  Y tal vez lo son. Al fin y al cabo no estamos habituados a explorar nuestros espacios de confianza en contextos de trabajo.

El gran desafío de la educación y la capacitación es tender a una formación donde los aspectos racionales y lógicos de nuestro ser se vean enaltecidos y acompañados por los aspectos sensibles y creativos que nos constituyen. La educación y la capacitación deben incluir en sus curriculums espacios para explorar las emociones y los sentimientos en contextos educativos y profesionales.Los nuevos desarrollos emprendedores se basan esencialmente en la construcción de redes. Y si no hay confianza, será sencillamente improbable que podamos crear redes efectivas. Al fin y al cabo, el único modo de sentir confianza, es… sintiéndola.

Docentes del Liceo Bicentenario, Valparaíso

Leave a Reply

%d bloggers like this: