Diálogos (imaginarios) Asesinos de la innovación (primera parte)

Jun 06, 11 Diálogos (imaginarios) Asesinos de la innovación (primera parte)
-Necesitamos innovar – dijo el dueño de la empresa preocupado.

Ninguna de las personas que estaban en la reunión se atrevió a emitir sonido alguno.
- ¿Alguna idea? – insistió impaciente – ¿nadie que tenga una buena idea?
- Bueno… – dijo tímidamente el responsable de productos – si hiciéramos una pequeña investigación y ..
- ¡No hay tiempo para investigaciones! – rugió el dueño – ¿No entienden la gravedad de la situación?  ¡Si no ponemos hoy una buena idea sobre la mesa, mañana tengo que cerrar y todos ustedes se quedan sin trabajo!
En ese clima hostil, insensible y exigente difícilmente surgiría una solución.
- Señor – se escuchó metálica la voz de la secretaria por el intercomunicador – llegó el consultor.
El alivio sólo era comparable con la llegada de un médico en un caso de urgencia.

- ¡Que pase! – dijo imperativo soltando el botón – a ver qué hace este fulano que me recomendaron.

El consultor golpeó suavemente la puerta, entró sonriente y saludó afectuosamente a cada persona presentándose y preguntando su nombre, hasta llegar al dueño, parado ansioso en el otro extremo de la habitación.
Contó con los ojos la cantidad de personas presentes  moviendo los labios en silencio – un, dos, tres… ¡ah!, perfecto, son diez personas. Excelente.
El dueño se impacientaba. – Tome asiento – ordenó fiel a su estilo. – Me dijeron que usted sabe de innovación. Así que lo mandé llamar para que, bueno, nos ayude con este problema que tenemos.
- ¿Y cuál es el problema?
- Teníamos una persona que era muy buena haciendo cosas nuevas, pero se fue a la competencia. Y si seguimos así, tengo que cerrar.
-Así, ¿cómo?
- Así, sin productos nuevos. La competencia nos está comiendo vivos…
- Y ¿por qué no hacen productos nuevos?
Los ojos del dueño se clavaron como puñales en los ojos del consultor – Señor, si pudieramos hacer productos nuevos no lo estaría llamando…
- Insisto -dijo calmo – ¿por qué no hacen productos nuevos? o reformulo la pregunta ¿por qué cree Usted que no están haciendo productos nuevos?
El dueño miró a sus empleados implorando ayuda. – Por que se fue el que sabía, obvio…
- ¿Y qué sabía el que se fue?
- Innovar, claro…
- ¿y qué hacía para innovar?
- No sé, pensaba, imaginaba, siempre se quedaba hasta tarde. Yo le permitía venir más tarde por que al otro día tenía una genialidad.
- Imaginaba- recalcó el consultor- … Y, disculpe la pregunta ¿Usted no tiene imaginación?
El dueño no sabía si echarlo a patadas o tirarle con el monitor de su computadora. – Claro que tengo imaginación.
- ¿Y entonces?
- Entonces ¿qué? – bramó
- ¿Qué pasaría si Usted, junto con su gente, usa su imaginación para innovar?
- ¿Quién, yo? Soy bueno para los negocios, ¡no para innovar!
- ¿Acaso me va a decir que nunca innovó en los negocios?
- Si, claro, ¡todo el tiempo!
- ¿Entonces?
- Entonces ¿qué? – gritó exasperado.
En ese clima enrarecido, se percibió la inquietud de las personas que estaban en la sala.
- ¿Me permite, señor? – preguntó tímido un joven de cabello lacio y bien vestido
- ¡Hable!
- Fernandez, el que se fue, siempre hablaba con nosotros antes de presentarle una idea…
- ¿Con ustedes? ¿Y qué les decía?
- Bueno, tenía una manera interesante de preguntar y de irnos sacando información que le iba a servir para innovar. A mi, que soy de maketing, me preguntaba por las conductas de los clientes, qué habían estado comprando ultimamente, pero con mucho detalle, colores, cantidades, quiénes compraban qué cosa. A Diana de contabilidad le pedía datos financieros pero también administrativos. A los proveedores les preguntaba cuáles eran las tendencias… Claro. El hacía todo eso cuando usted no estaba…
- ¿Acaso yo lo molestaba?
- Bueno, él decía que usted lo cohibía siendo tan insistente y que prefería que usted participara lo menos posible de ese proceso.
El dueño se dejó caer en la silla, como abatido.
- ¿Ahora me va a decir que yo soy la causa de que él se hay ido, seguro, que soy como el asesino de una novela policial?
Un largo silencio se adueño del lugar.
- A veces sin querer uno hace exactamente lo opuesto a lo que está buscando. Verá usted – dijo el consultor sereno – la innovación se nutre de la creatividad. Y la creatividad necesita de climas apropiados para fluir y hacer su trabajo…
- Por supuesto que eso ya lo sé – dijo el dueño – ¡dígame algo que no sepa!- dijo enojado.
- Que tal vez Usted no sea el asesino, pero es el responsable por la calidad del clima organizacional. Y los procesos creativos pueden y deben ser estimulados desde la conducción de una empresa, organización o proyecto.
El dueño de la empresa murmuró algo incomprensible y dijo – ahora me va a explicar cómo hago para crear esos climas que dice para que podamos innovar, ¿verdad?
- Con todo gusto – dijo con seguridad el consultor.
(Continuará…)

Leave a Reply

%d bloggers like this: