Diálogos (imaginarios) sobre los asesinos de la innovación: el cavernícola (tercera parte)

Jun 08, 11 Diálogos (imaginarios) sobre los asesinos de la innovación: el cavernícola (tercera parte)
- ¿Usted se da cuenta – preguntó el consultor al dueño – que si su modelo de crecimiento está basado en ganarle la pelea a la competencia, eso le está impidiendo ver el potencial innovador que tiene en su organización?
- No lo entiendo.
- Si la única forma de sostenibilidad que podemos imaginar es pelear a muerte para crecer, donde suponemos que vencerá el más fuerte, lo que estamos haciendo es pensar como pensaban nuestros antepasados prehistóricos.
El ambiente se cortaba con un cuchillo.
( – Ahora el consultor trata de cavernícola al dueño de la empresa… – murmuró por lo bajo el responsable de ventas.)
- Aclaremos este punto: en economía llaman juego de suma cero al modelo en donde la única forma de crecer para una organización es quitándole a otro lo que posee, sea este el mercado, los bienes, el conocimiento o similar. En este modelo, para que alguien gane dinero, otro debe perderlo, dado que la riqueza no se crea, sino que se distribuye. Esto explicaría en gran parte el éxito de los libros como El Arte de la Guerra. Es decir, la guerra como metáfora suprema de hacer negocios y de tratarnos unos a otros. Algunos estudiosos atribuyen esta concepción a que junto a nuestro cerebro moderno conviven resabios de un cerebro más primitivo, formado hace más de 10.000 años, en una época en donde la percepción instintiva era que la abundancia era limitada, y que para que unos puedan sobrevivir, otros debían morir, por que – así se “razonaba” – lo necesario para subsistir no alcanzaba para todos. La noción de iqueza limitada es la clave para comprender este proceso.
- Eso significa que todos tenemos un cavernícola adentro… – dijo inocente el responsable de marketing.
- Algo así – respondió el consultor – La tragedia más grande es que como corolario de ese pensamiento, no sólo creemos que los recursos son finitos, agotables y debemos pelear por tomar el control (antes que otro se lo lleve) sino que le adjudicamos un valor perentorio a todo lo que existe. En otras palabras, estamos en una espiral autodestructiva: pensamos que las cosas materiales pierden valor con el tiempo, con lo cual tenemos que fabricar más, con lo cual los recursos se agotan más rápidamente. Si continuamos con esta lógica, lo único que haremos será volver a la era de las cavernas.
- ¿Y entonces? – preguntó alarmada Diana, de administración.
- Afortunadamente, los estudiosos han demostrado ya que existen recursos que no sólo son inagotables, sino que incrementan su valor con el uso y son la base para el desarrollo moderno y futuro: la innovación, la creatividad, el conocimiento, la cultura…
El consultor percibió la ansiedad en el dueño y le habló:
- Diversos estudios han demostrado que sólo aquellos países, regiones, organizaciones y empresas que, al decir de un querido colega, logran modificar su ADN desactivando estas nociones primitivas y buscando evolucionar hacia modelos basados en la noción de la abundancia, pueden no sólo adaptarse a los cambios de la realidad, sino lograr un crecimiento sostenido.
Estas conductas básicas – que llamamos competencias genéricas -se sustentan en una matriz que busca romper con las estructuras rígidas y auto-salvadoras. Es simple: o nos salvamos todos juntos o al grado extremo de deterioro que estamos llegando, aquí no se salva nadie.
Una mezcla de desazón con esperanza se instaló en el ambiente. Se empezaba a entender que el asesino de la innovación era un ser muy astuto, cuyo instinto animal había logrado infiltrarse en cada uno de los presentes. No sería nada sencillo modificarlo…
(Continuará)

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