Crowdfunding: más que financiamiento

Jul 05, 13 Crowdfunding: más que financiamiento

A propósito de las implicancias del “crowdfunding” caserito implementado por el grupo Carilimpia de Panamá, (ver: “¿Cómo financiar la cultura masivamente?) surge el tema de la responsabilidad cultural ciudadana.

Hasta la irrupción de las plataformas de “crowdfunding” o financiamiento masivo para la cultura, el público en general no tenía mayores opciones de realizar aportes económicos para la producción de una determinada propuesta cultural. Tanto el Estado a través de subsidios o contrataciones directas así como las empresas privadas a través de patrocinios y donaciones, colaboran con el financiamiento de las producciones culturales desde sus inicios. El aporte del público en general se restringe al momento de la compra (sea de un libro, un cuadro, un video, etc.) o de su asistencia a una producción escénica, la presentación de una película, festival o similar.

¿Qué cambia con los procesos de financiamiento masivo?

Además de surgir una opción cibernética del famoso “pasar la gorra”, la cual multiplicada por la potencia de conexión de Internet puede dar resultados maravillosos, abre las puertas a ejercer el derecho y la responsabilidad ciudadana de colaborar con el fortalecimiento de las expresiones culturales propias desde el momento de la producción. Se modifica la ecuación en donde el “público” deja de ser un actor pasivo en relación al proceso de producción de la cultura y  para pasar a ser un actor activo y esencial en los procesos de producción. Aportar económicamente a un proyecto en gestación significa ser más que un donante: se adquiere la categoría de colaborador o, exagerando, co-productor de la propuesta. Pero sobre todo se ejerce el derecho y la responsabilidad de estimular la producción cultural y creativa de la propia cultura.

Muchas producciones culturales se están financiando con los pequeños aportes de muchas personas: películas, libros, obras de teatro y proyectos culturales y sociales de diversa magnitud y relevancia. El nombre y el rostro de cada uno de estos aportantes comienza a ser conocido. La ciudadanía emerge de su lugar de anonimato en relación a la producción cultural para poder sumarse de manera activa y efectiva, adquiriendo así un protagonismo inusitado.

La responsabilidad del sector cultural

Le cabe entonces a los gestores, productores y emprendedores culturales y creativos hacer un uso apropiado de estos nuevos desarrollos, viendo en estas personas mucho más que simples donantes. Se crea la posibilidad de ponerle rostro y nombre al anónimo público que hasta el momento no ha sido involucrado en todas las etapas de desarrollo de ideas y producciones culturales. Ese público que tiene la posibilidad ahora de ser reconocido, valorado y llamado por su  nombre y apellido creando así posibilidades inéditas de lo que en marketing se denomina “fidelización”, es decir, hacerlo miembro activo de la “familia” que produce y crea bienes y servicios culturales.

Si una persona se suma realizando aportes para los procesos de producción cultural, aunque se trate de un aporte mínimo, significa que ese proyecto o esas personas le importan. Y es sobre base de las “pequeñas” importancias que le brinda el público a las propuestas culturales y creativas, que estas pueden crecer y desarrollarse.

Se trata en suma integrar los nuevos desarrollos que nos ofrece la tecnología con los cambios de modelos mentales en relación al financiamiento de la cultura y de la calidad de los vínculos en nuestro sector.

Y tal como nos enseñan las integrantes de Carilimpia: no es necesario contar con una plataforma sofisticada para hacer estrechar vínculos con nuestros públicos.

Reconocimiento a l@s mecenas de Carilimpia

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